Aun recuerdo mi primera vez. Sentía que era un laberinto, que nunca iba a llegar a mi destino, que cualquier cruce mal dado iba a hacer que me perdiera. Se veía todo tan grande, y tanta gente por todos lados. Dos semanas más tarde ese mismo pasillo que parecía interminable y en el que sentía que me iba a perder ya se había convertido en mi ruta de todos los días. Ya sabía que cuando terminaba ese pasillo había en la esquina una señora que vendía el periodico y donde compraba el Meridiano todas las mañanas, ya sabia que si no cruzaba ahí llegaba a un cancha de futbolito/basket, en la que, dependiendo de la hora podías conseguirte las gradas o llenas de gente desayunando o llenas de gente jugando truco, dominó, rey y basura, ajilei, poker o cualquier otro juego similar (y por favor no piensen que era una casa de apuestas, asi como se apostaban “los almuerzos” también se jugaba “de sonrisas”)., 2 semanas más y ya sabía cuales eran los cafetines buenos, ya sabía que había que salir media hora antes de clases para no agarrar la cola del comedor tan larga, ya sabía donde quedaba la piscina, y hasta en la “fiebre” de la novedad ya había estrenado las canchas de tenis. Pasar media mañana tirado en “tierra de nadie” conversando, fumando o tan solo descansandito. Bajar el almuerzo en el piso de “plaza rectorado” viendo a los demás bailando cualquier cosa desde breakdance (o cualquiera sea el nombre que le ponen ahora a ese estilo) pasando por la ya famosa “salsa casino” y sin dejar por fuera a la gente de Capoeira!. Los viernes (o cualquier otro día y hora en que se nos daba por ahí) la obligada “parroquia” (para el que no conozca es la calle que da hacia el estadio en donde se dedica mucha gente a compartir y matar la sed al ritmo de la música que el pana del carro que suene mas duro le provoque poner). Instalarse en el piso 3 de la biblioteca central, afuera en el balcón, sentado en una de esas sillitas azules, con los pies en el murito, leyendo cualquier libro (académico o no, lo llegue a hacer con ambos, pero mejor aún si era con uno no académico como
miércoles, 25 de febrero de 2009
UCeVistas Parte 1
Etiquetas:
Cafetines,
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Universidad Centra de Venezuela
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Yo añoro el sabor de las donas que vendian frente a farmacia!!! y los bazares navideños!! alli se podia comprar de todo!! y ni hablar de las sietas en Tierra de Nadie o en las gradas de la piscina!!! que tardes tan refrescantes pasaba uno allí!!
ResponderEliminarEl cafe dce arquitectura, con las todas sus nenas, y de acuerdo con el tiempo perdido (porque no se sabe en donde esta) en la tierra de nadie.
ResponderEliminarUUUCV